Primero, el destino es una pseudo-realidad y a la vez la única realidad. O sea es y no es. Es un termino muy relativo – al menos para mi.
Al afirmar la existencia de un destino absoluto, donde nosotros no podemos cambiar nada, nos creamos una realidad deformada y un poco negativa o fatalista – suena absurdo que alguien venga y me diga que toda mi vida ya esta escrita y que no la puedo cambiar. Pero esto genera una gran paradoja con la Biblia – si es que no la entendemos bien – allí dice que Dios lo sabe todo, entonces: ¿Él sabe que haré cada día de mi vida?, pareciera que es así. Pero, explicando la omnipotencia de Dios podemos deducir que: nuestra libertad de elección es relativa; lo que para nosotros parecería ser una decisión propia, no lo es, porque Dios conocía, esa decisión de antemano – pero nosotros no – lo explicare mejor con un ejemplo.
Supongamos que tienes un perro, ese perro vive en tu casa, según él hace lo que quiere o desea – rompe tu ropa, cava agujeros, etc. – pero en realidad no es así, tu decides si dejas vivir a ese perro o simplemente lo matas o lo regalas, pero a pesar de todo, el perro seguirá pensando que es libre.
Lo mismo ocurre con Dios, el nos hace ver o creer que nosotros somos los que decidimos, pero en realidad el ya conoce lo que haremos – chistoso, no creen – pero al hacernos ver esa realidad en la que supuestamente nosotros decidimos podemos ejercer nuestro libre albedrío.
Suponer que somos completamente libres es como decir que todos los seres humanos somos buenos y no dañamos a nadie.
Pero no se desanimen, porque Dios puede conocer lo que tú harás, pero como tú no lo sabes sigues siendo responsable de los giros que pueda tomar tu vida y sobre todo tu realidad.
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