26 octubre, 2011

Perdón por los malos momentos

Perdón por los malos momentos que te hice pasar, si…. No quiero perder tu amistad… perdón de verdad, de corazón. En esas palabras escribió ella.

Que sería de este mundo si no se pudiera pedir perdón de todas las acciones estúpidas o simplemente erradas que solemos cometer. Te grité como me dio la gana, pero hoy te pido perdón. Me olvidé que tenía novia, y me acosté con una chica que conocí esa noche, perdón. No sabía que esa comida era tuya y me la comí, perdón.

Con que facilidad podemos pedir perdón. Que somos una generación orgullosa? Y seguro que sí, pero si pudiéramos medir el orgullo, seguro y sería una proporción similar o incluso inferior a la hipocresía.

Por supuesto, Hipocresía. Como más se puede llegar a llamar a esta suerte de “pedir perdones” compulsivos? Hacer lo que mejor venga en gana, sin importar si esto es bueno o malo, si es aceptado por la sociedad, o siendo más individualista, si es que mi moral me dice que lo que voy a hacer es malo, porque así yo lo entiendo, igual lo hago. Claro, que se cague la sociedad, me tiro un pedo en mi prójimo, y a fin de cuentas, siempre me queda el perdón. Y seguramente muchos tienen palabras de ese tipo en sus mentes cada vez que incurren en alguna ‘metida de pata’.

Pero saben que, ya no me importa, pueden hacerme lo que quieran, porque no me importan ustedes. Casi la totalidad de personas me son indiferentes… no me dan nada, yo no les doy nada. Pídanme perdón las veces que quieran, que siempre aceptaré este convencionalismo social, pero así como ustedes lo hacen por hipocresía, no me pidan sinceridad.

Mi mejor respuesta tal vez y sea: no te preocupes, acaso me hiciste algo? No recuerdo, están siendo muy susceptibles, pero si te hace sentir mejor, te perdono, aunque no entiendo que (Obviamente, toda la frase es un mero sarcasmo).


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