Que sería de este mundo
si no se pudiera pedir perdón de todas las acciones estúpidas o simplemente
erradas que solemos cometer. Te grité como me dio la gana, pero hoy te pido
perdón. Me olvidé que tenía novia, y me acosté con una chica que conocí esa
noche, perdón. No sabía que esa comida era tuya y me la comí, perdón.
Con que facilidad podemos
pedir perdón. Que somos una generación orgullosa? Y seguro que sí, pero si
pudiéramos medir el orgullo, seguro y sería una proporción similar o incluso
inferior a la hipocresía.
Por supuesto, Hipocresía.
Como más se puede llegar a llamar a esta suerte de “pedir perdones”
compulsivos? Hacer lo que mejor venga en gana, sin importar si esto es bueno o
malo, si es aceptado por la sociedad, o siendo más individualista, si es que mi
moral me dice que lo que voy a hacer es malo, porque así yo lo entiendo, igual
lo hago. Claro, que se cague la sociedad, me tiro un pedo en mi prójimo, y a
fin de cuentas, siempre me queda el perdón. Y seguramente muchos tienen
palabras de ese tipo en sus mentes cada vez que incurren en alguna ‘metida de
pata’.
Pero saben que, ya no me
importa, pueden hacerme lo que quieran, porque no me importan ustedes. Casi la
totalidad de personas me son indiferentes… no me dan nada, yo no les doy nada.
Pídanme perdón las veces que quieran, que siempre aceptaré este
convencionalismo social, pero así como ustedes lo hacen por hipocresía, no me
pidan sinceridad.
Mi mejor respuesta tal
vez y sea: no te preocupes, acaso me hiciste algo? No recuerdo, están siendo
muy susceptibles, pero si te hace sentir mejor, te perdono, aunque no entiendo
que (Obviamente, toda la frase es un mero sarcasmo).
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